jueves 23 de noviembre de 2006

Barrancabermeja, 1975

Estudios
1995 - 1996
Artes plásticas, Universidad Antonio Nariño, Bucaramanga, Colombia
1996 - 2001
Artes plásticas, Universidad Nacional de Colombia

Exposiciones individuales
2001
• La Poesía de la tristeza. Universidad de Panamá, Ciudad de Panamá

2002
• El paraíso perdido. Centro Cultural en Bogotá, Universidad de Salamanca, Bogotá, Colombia
• Tierra en verso. Biblioteca Gabriel Turbay, Bucaramanga, Colombia
• Pinturas. Universidad Industrial de Santander, Barrancabermeja, Colombia

2003
• Encuentros. Galería Latinoamericana, Casa de Las Américas, La Habana, Cuba
• Silencios. Fabiola Gonzáles Ángel Galería, Cali, Colombia
• Silencios. Galería La Cometa, Bogotá, Colombia

2004
• Magdalena. Galería Valenzuela y Klenner Arte Contemporáneo, Bogotá, Colombia


Algunas exposiciones colectivas
1999
• Entre lo culto y lo profano. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá
• La U.N. Cuenta. Exposición itinerante, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá

2000
• V Bienal de Arte Cervantino. Galería Carrión Vivar, Bogotá, Colombia
• De lo particular al entorno. Centro Colombo Americano, Bogotá, Colombia

2001
• IV Muestra de trabajos de grado. Universidad Nacional de Colombia
• VI Salón de Arte Universitario. Fenalco, Bogotá, Colombia
• Premio Philips de Arte para jóvenes talentos. Bogotá, Colombia
• Premio Philips de Arte para jóvenes talentos. Memorial de América Latina, Sâo Paulo, Brasil
• Ganadores Premio Philips de Arte para jóvenes talentos. Ámsterdam, Holanda
• IX Salón Nacional de Pintura. Banco Ganadero, Bogotá, Colombia
• Maestros del grabado de los países Bolivarianos y nuevos pintores colombianos. Duitama,
Boyacá, Colombia
• La nueva pintura colombiana. Ministerio de Relaciones Exteriores, Bogotá, Colombia

2002
• Incitaciones creativas de la figura humana. Instituto de Cultura Brasil-Colombia, Bogotá, Colombia
• La nueva pintura colombiana. Muestra itinerante. Sala de pasos perdidos de la UNESCO, Paris, Francia; Salones de la Galería ETAJ 3/4 del Teatro Nacional de Bucarest, Rumania; Museo de Arte de Constanza, Rumania; Centro Cultural de la Alcaldía de Atenas, Grecia; Museo de Arte de Szombathély, Hungría

2003
• X Salón Regional de Artistas, Santander
• Muestra 2. Feria Internacional de Arte contemporáneo, México DF

2004
• Pintura fresca. Cámara de Comercio de Bogotá, Colombia


Distinciones
2001
Primer Premio. Premio Philips de Arte para jóvenes talentos. Bogotá, Colombia
Segundo Premio. VI de Arte universitario, Fenalco, Bogotá, Colombia
Primer Premio. Premio Philips de Arte para jóvenes talentos, Memorial de América Latina, Sâo Paulo, Brasil
Primer Premio. IX Salón Nacional de Pintura, Banco Ganadero, Bogotá, Colombia

Niños del Magdalena Medio

De la Serie Desplazados

Pimpineros

Viudas (Detalle)

Movilización (detalle)

Un silencio elocuente

Por: Eduardo Serrano

La obra de Sair García constituye un gran aporte a la rica tradición de la pintura en Colombia. En estos momentos de intensas lucubraciones conceptuales y de instalaciones y “performance”, cuando aún no se ha comprendido plenamente que lo importante en una obra de arte es su contenido, su pertinencia, no sus formas ni su estilo, no es fácil encontrar obras pictóricas como la suya tan conscientes de los propósitos del arte contemporáneo y tan sintonizadas con la realidad del país.

Su trabajo se diferencia ampliamente del de otros artistas de su generación, no solo por su insistencia en la validez del medio pictórico, sino por su aproximación al lienzo, no como a un área de potencial decorativo, ni como a un campo para experimentos vanguardistas, sino como a un espacio para expresar ideas a través de imágenes y para clarificar aspectos de la vida y de la sociedad que merecen una profunda reflexión sobre sus causas y consecuencias.

Las primeras obras de Sair García que tuve la oportunidad de apreciar –con motivo de la exposición La nueva pintura colombiana organizada en el año 2001 por la cancillería- ya permitían comprobar que al artista le interesaba referirse a un momento determinado, el actual, y a una sociedad determinada, la colombiana de comienzos del siglo XXI. Eran obras que, como sus trabajos más recientes, aludían al drama que ha traído consigo el conflicto armado para gran parte de la población colombiana. Pero a diferencia de estas últimas, se trataba de pinturas contundentemente figurativas, que permitían reconocer fácilmente los personajes, sus rasgos, sus gestos, sus oficios, y también, su fuente, su punto de partida: la fotografía.

Dos años después no han desaparecido, como era de esperarse, los propósitos ni las características de su trabajo. Pero si han evolucionado y se han decantado como lo pone de relieve el hecho de que –sin abandonar sus objetivos de documentar y sobre todo, de pronunciarse acerca de la realidad nacional de este momento- su obra se haya tornado más nostálgica, más delicada, más poética. También se ha incrementado su capacidad de suscitar sensaciones, de infundir desasosiego y de conmover.

Y así puede comprobarse en la inmediata identificación que hace el observador de la tragedia a la que aluden sus pinturas, a pesar de que en su obra se rehuye la obviedad de los muertos, las armas, la sangre y el llanto y de que, cuando más, una canoa diminuta, un árbol solitario o algún otro elemento casi imperceptible, constituyen todas las indicaciones del lugar.

Por otra parte, si bien su trabajo sigue siendo a primera vista monocromático, ha desaparecido totalmente el influjo de la cámara, y si bien la escala de sus personajes ha disminuido hasta hacerse literalmente diminutos, el espacio, por el contrario, se ha ensanchado hasta hacerse simultáneamente ambiguo e infinito. Pues bien, en esa vastedad sin horizonte, en ese paisaje sin sol, es decir, sin norte ni luz, se desplazan individuos y grupos solitarios que divagan sin opciones diferentes a perderse en la espesa atmósfera que los circunda y desaparecer.



Más recientemente estas atmósferas parecen abrirse en pequeñas áreas donde se entrevén armónicos remansos y bucólicos parajes, pero para evaporarse nuevamente al reaparecer esa blancura grisácea que, a pesar de parecer premonitoria de catástrofes, de todas maneras le aporta a los trabajos el lirismo de lo desconocido y de lo arcano. Un silencio punzante complementa la tensa quietud de estas pinturas, incitando a la introspección, a la interrogación acerca de nuestra ubicación en ese incierto panorama, y por ende, a meditar desde un ángulo particular sobre –las tantas veces discutida- relación entre el espectador y la obra de arte.

La pintura de Sair García, aparte de originar sentimientos encontrados de ensoñación y angustia, de calma y tormenta, proyecta ideas y argumentos que la hacen irrevocablemente contemporánea. Como las mejores obras del momento, incluidas instalaciones y performances, sus lienzos conllevan la misión de impulsar raciocinios o de ilustrar, sin panfleto, sobre el carácter de esta época en la que todo parece cambiar con inusitada rapidez, excepto la injusticia y la intemperancia.